CONSTRUCCIONES PASTORILES EN LA COMARCA DE MONZÓN Felix A. Rivas
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Muros Considerado de manera teórica, un muro es una estructura formada por unidades más pequeñas ensambladas entre sí a través de un material que une las diferentes piezas ( Una excepción es la piedra seca de la Caseta la Levadura al carecer de argamasa) y las asienta unas sobre otras. Esas pequeñas unidades pueden ser de diferentes tipos -adobas, "tablonadas" de tapiera, mampuestos, ladrillos, bloques de hormigón- que, a su vez, pueden estar intercalados entre si. Además, entre ellos, cabe distinguir los de fabricación industrial por presentar unas características "normalizadas" frente a los de la arquitectura popular que pueden tener algunas o muchas diferencias entre las distintas construcciones e incluso dentro de cada una de ellas. Si la acción humana es la responsable de la creación de esta estructura, el tiempo (tanto el atmosférico como el referente al trascurrir de los días, estaciones y años) es el que se encargará de trabajar para que la unidad del muro vaya encaminándose a la desarticulación y disgregación de los materiales y piezas que la componen. Ante este proceso -entrópico e ineludible- al que han de enfrentarse, los constructores siempre han adoptado, con una visión anticipada, una serie de medidas que retrasaran al máximo esa disgregación del muro, que asegurasen en la medida de lo posible su solidez y permanencia. En esto también encontraremos diferencias entre los materiales antiguos y los modernos ( Además de las inherentes al propio sistema de colocación de cada uno de ellos, ya comentado en el capítulo anterior) pues estos, más iguales entre si y mejor preparados desde su fabricación, harán necesarios muchos menos sistemas para asegurar la construcción. La base de los muros, es decir, su zona de contacto con el terreno en el que se asientan es una de sus zonas más frágiles y, por tanto, en ella se han concentrado varios sistemas para garantizar su solidez y durabilidad. El primero de ellos, común a la construcción de las viviendas, es levantar los fundamentos, o cimientos, bajo la construcción. Consistían según me contó el siñó Pedro de Fonz en una "excavación a base de pico y pala hasta que se encuentra el firme" y entonces "cuando la tierra salía fuerte, empezaba a hacer la pared". Estos fundamentos, que podían llegar a medir de profundidad hasta un metro y medio en algunos edificios de suficiente entidad, eran siempre necesarios para las viviendas aunque para las construcciones pastoriles posiblemente se prescindió de ellos en algunas ocasiones y, en otras, tuvieron una profundidad mínima al aparecer enseguida la roca viva bajo el suelo. En el caso de que existan, sobre estos fundamentos una vez ya a la vista, aparece en determinadas construcciones algún tipo de estructura en forma de zócalo cuya función puede ser únicamente la de facilitar el asentamiento del muro sobre el terreno o también la de mejorar su aislamiento en relación a la posible humedad ascendente. Estos zócalos son imprescindibles en las paredes elaboradas a partir de tierra cruda pues las caraterísticas propias de la adoba y la tapiera hacen que les sea necesario contar con una base que facilite su asentamiento y evite los ascensos de humedad que podrían minar la consistencia del muro (Abad, 1997, 31) ascendiendo por capilaridad desde el suelo (Burillo, 1985, 112). Entre las construcciones analizadas de tierra cruda en la comarca, (Y solo dos de ellas son de tapiera mientras todas las demás, de las que pondré ejemplos a continuación, son de adoba. ) todas ellas cuentan con estos zócalos de mampostería asentada con mortero de barro aunque aparezcan algunas pequeñas diferencias entre ellos. Pueden estar compuestos por los mampuestos irregulares que se extraen directamente del entorno, por sillarejo de caras labradas toscamente o por cantos rodados procedentes algún (Ilustr. 72) Aspecto exterior de la caseta de una paridera junto al Valle del Castillo. curso de agua cercano que, a su vez, pueden aparecer apilados de manera oblicua en hileras para asegurar su difícil asentamiento. Del mismo modo, su altura puede variar desde unos pocos centímetros sobre el nivel del suelo, pasando por una altura relativamente pequeña que es la más corriente, hasta una mayor que puede equivaler a la del torso de una persona adulta. Este último caso podría estar relacionado con un terreno en el que se prevee que haya un alto grado de humedad en el suelo (Abad, 1997, 31) aunque este extremo no he podido comprobarlo con un número suficiente de ejemplos en la comarca. Un caso particular que pude registrar, ( En el corral de Fiscal) y que tal vez sea más abundante de lo que es posible verificar, es el de la mejora del asentamiento de la primera hilera de adobas sobre el zócalo de mampostería colocando entre ambas estructuras una fila de fragmentos de tejas. Otra curiosa variante de estos zócalos es la que aparece en dos pequeñas casetas, ( La situada cerca de la carretera entre Almunia de San Juan y Zanuy y la de La Gelsa.) en las que los muros son de piedra desde la base hasta el nivel más bajo del tejado, siendo de adoba en los pequeños fragmentos triangulares de muro a partir de esa altura (Ilustr. 73). También en muros de mampostería puede aparecer algún tipo de zócalo aunque es muchísimo más escaso y su diferenciación puede consisitir en estar formado por piedras ligeramente labradas de sillarejo frente a los mampuestos del resto del muro ( Como en la casta de Almuzara) o ser ligeramente más ancho que su continuación en altura (Ilustr. 74).Caseta en la Valle del Mas. Los materiales modernos, por último, también necesitan ciertas estructuras a modo de cimientos o de zócalos y, así, con la función posiblemente principal de aislamiento frente a la humedad del suelo, he podido ver en dos parideras un zócalo de homigón armado debajo de, respectivamente, un muro de ladrillo hueco y otro de bloque de hormigón. Las cadenas son otro elemento que se emplea para trabar mejor el aparejo de un muro y para reforzar su resistencia aunque en este caso se trate de un elemento vertical. Son como unos pilares insertos en el muro, unas costillas que, por su mayor resistencia respecto al material dentro del que se encastran, se encargan de absorver las diferencias de volumen producidas en el conjunto por la desigual dilatación de los materiales. De esta manera, rigidizan y estabilizan el muro en algunos puntos determinados. En general, son comunes en los cerramientos de adoba y tapiera aunque en las construcciones analizadas en la comarca únicamente aparecen en unos pocos muros de adoba de longitud especialmente destacable. Son, en dos casos, la pared trasera del cubierto de una paridera, y en otro, la pared lateral particularmente larga de la Caseta de Corvinos. En este caso, la cadena está situada en la mitad del muro, solo llega hasta el nivel inferior de la cubierta y se compone de mampuestos. En los otros dos (El cubierto de la paridera en La Sardera Baja y el de la situada junto al Valle del Castillo.) (Ilustr. 75), la cadena es de sillarejo y tiene forma de cruz con el brazo horizontal poco saliente y situado aproximadamente a media altura. Este brazo tiene como misión aumentar la trabazón de la cadena con la adoba y diferencia estas cadenas de los pilares insertos, cuya función principal es liberar al muro de la labor de sostención en un punto determinado de la carga de la cubierta. Asimismo, en algunos muros de bloque de hormigón, de gran longitud y no mucha altura, como el del raso de algún corral (Ilustr. 18), se coloca este tipo de cadenas, ahora de hormigón armado, que cumplen de nuevo la misma función de trabar y reforzar los muros y que se diferencian de los pilares que están unidos a una cercha y cuyo cometido principal es el de servir de apoyo a la cubierta. En lugar de las cadenas, pueden aparecer a su vez contrafuertes que cumplen una misión parecida. Son precisamente la mayoría de los muros largos de bloque de hormigón que carecen de cadenas los que presentan contrafuertes encastrados en los muros en forma de pequeños salientes, cada cierta longitud de pared, formados por los propios bloques de hormigón colocados en forma de elemento vertical sobresaliente del muro. Si aparecen de esta manera, puede asegurarse que han sido concebidos como tales y desarrollados durante el proceso de construcción del edificio, pero también puede ocurrir que se coloquen posteriormente ante posibles problemas de solidez que se advierten el muro. Entonces, el refuerzo suele tomar forma de cuña y puede ser de bloque de hormigón en una sola fila o en forma de cuña maciza, lo mismo que con el ladrillo hueco, o tener un origen mucho anterior y con el mismo sistema y finalidad ser de mampostería con mortero de arena (Ilustr. 75). Un último método especial para asegurar un muro, en este caso de adoba, una vez que está comenzando a dar problemas de solidez consiste, según he podido encontrar tan solo en una caseta en el Camino de San Valero, en cubrir totalmente la pared con otro material como el ladrillo hueco. Los muros de adoba son especialmente sensibles a los problemas causados por la humedad y ya hemos visto cómo un zócalo de piedra les servía como aislamiento del suelo. Otro problema puede originarse por el agua de lluvia que, lógicamente, golpea con mayor fuerza e intensidad sobre el remate superior de los muros exentos, como los de los descubiertos de los corrales que, por tanto, han de protegerse de alguna forma. Antiguamente, y todavía en otras zonas de Aragón, se colocaban unas estructuras compuestas por ramas o cañas y barro que amortiguaban la fuerza de las gotas de lluvia al caer (Abad, 1997, 36). Entre las construcciones pastoriles de la comarca he podido encontrar algunas soluciones emparentadas con éstas aunque presentan diferencias muy notables. La primera es que no son particularmente abundantes en muros de adoba, ya que solo en uno de ellos (En la paridera de Ollés) la he encontrado, junto a otros dos de mampostería ( En la paridera situada en la Sardera Baja y en Los Corrales) y otro de ladrillo hueco. La otra es el material con el que se elaboran estas protecciones o remates de muros exentos. El más original son unas placas de arenisca con perfil convexo ligeramente salientes de la anchura del muro que parecen cumplir a la perfección su misión de desviar el (Ilustr. 76) Muro del raso de Los Corrales. agua de lluvia e impedir que penetre por las junturas, tanto en los muros exentos del raso como en otro que se erige sobre la pared trasera del cubierto que apoya sobre la pendiente. Los demás son ladrillos huecos planos, material moderno de origen industrial, que puede presentar un resultado final con algunas variables: en dos casos se culmina con una línea trasversal de tejas árabes, en otro se cubre de una capa de mortero de cemento y en el último se colocan los ladrillos huecos planos en una doble hilera con los lados cortos de cada ladrillo sobresaliendo sobre el muro. Puede comprobarse por tanto que, salvo en el caso de las tejas (que cubren un muro de ladrillo hueco) en los demás casos estos remates no solo protegen la estrecha cima de los muros sino que, al sobresalir lateralmente, actúan a modo de aleros que resguardan asimismo la parte superior de las caras laterales del muro. Otro factor determinante para asegurar los muros es el modo de resolver las esquinas de la construcción. Para unir sólidamente dos muros que entran en contacto, los albañiles de la comarca siguieron en muchas ocasiones una solución consistente en reservar las piedras de mayor tamaño para las esquinas, colocándolas además de tal modo que, de manera alterna en altura, cada pieza engarzase con cada uno de los dos muros. Estas estructuras verticales de refuerzo de las esquinas reciben el nombre de esquinazos y los hay de diversas variantes aunque todas ellas persiguen la resistencia del armazón que forman los muros a través de la correcta trasmisión entre ellos de los posibles empujes horizontales (Acín coord., 1985, 69) que pueden experimentar a causa del viento, de un movimiento de tierras o de las estructuras horizontales de los forjados de entreplanta o de la cubierta del edificio. Suelen aparecer en construcciones de mampostería y pueden estar compuestos simplemente por mampuestos de mayor tamaño que los que conforman el resto de los muros pero -y esto es lo más común- además de un tamaño mayor están trabajadas (Ilustr. 77) con una regularidad mejor (Ilustr. 78) o peor lograda que alcanza su máxima expresión en los sillares de algunos ejemplos, perfectamente escuadrados de tal manera que tan apenas es necesario colocar una finísima capa de argamasa entre ellos (Ilustr. 74). En alguna construcción situada en la zona de La Gesa y que, por tanto, está levantada a base de mampuestos de yeso -un material difícil de tallar correctamente- aparecen esquinazos de otro material, bien labrado, que crea de esta manera un hermoso contraste de color en la visión exterior del edificio. (Ilustr. 79). Esquinazo del Corral de Calvet. También hay otras casetas y corrales que solo tienen algunas piezas especialmente destacadas en sus esquinas (Incluso en el caso de la continuación de la caseta en el Saso de Santa Cruz, construida inicialmente en lo que parece sillarejo y que se continuó en ladrillo hueco, se creyó conveniente prolongar los esquinazos de sillarejo de mayor tamaño para asegurar al completo la construcción) y otros casos construidos en mampostería, como el Corral de Balero, que no presentan diferencia alguna entre el tamaño y la forma de los mampuestos situados en las esquinas de los muros y todos los demás. De manera más esporádica pueden aparecer esquinazos de mampostería o sillarejo en corrales y casetas de adoba, ( Como el cubierto de la Paridera de los Lunas o la caseta de la situada junto al Valle del Castillo) prolongando de esta manera en altura los zócalos de los que disponen (Ilustr. 72). Otra variante que solo he podido encontrar en una ocasión es la de los esquinazos de adoba colocada a soga, es decir, con su cara más larga y estrecha hacia el exterior, entre muros de adobe a tizón.( Aunque, por el resultado que ha dado en el ejemplo observado -una caseta en el Camino de San Valero- no parece una opción muy efectiva ya que no acaban de encastrarse correctamente con cada uno de los muros. ) Y una última solución en los muros de adoba es simplemente la ausencia de este tipo de soluciones ya que, si la construcción no es de gran tamaño, puede bastar con el engarce una a una de las adobas que forman el muro a la manera normal, es decir, colocadas a tizón (Ilustr. 80).
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