CONSTRUCCIONES PASTORILES EN LA COMARCA DE MONZÓN Felix A. Rivas
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... la mayoría de las soluciones tradicionales de la arquitectura popular han perdido su vigencia, pero lo esencial de su espíritu sigue siendo válido como una lección permanente: "Hacer con lo menos lo más" (...), utopía necesaria de hacer con el menor costo un entorno habitable lo más "útil", "firme", "duradero", "armonioso" y "diverso" posible. Pedro M. Bernad Algunos problemas y muchas soluciones (arquitectónicas) Los problemas que ha de afrontar la práctica constructiva o arquitectónica no han variado en lo fundamental desde, podríamos pensar, hace milenios. Asegurar la continuidad de la construcción, conjugar partes macizas y partes abiertas en los muros, lograr espacios cubiertos lo suficientemente amplios... en definitiva, conciliar disponibilidad de recursos y necesidades para las que se concibe la construcción. Pero si los problemas a resolver no han cambiado, las soluciones propuestas -y con ellas, las variables arquitectónicas a las que han dado lugar- han experimentado un cambio espectacular a largo del siglo XX. Al menos así lo testifican las parideras y las casetas analizadas. Durante el desarrollo de este capítulo podremos hacernos una idea de la cantidad de esos cambios en las soluciones arquitectónicas, aunque mientras tanto ya se puede adelantar la transformación sustancial que se ha producido en la "calidad" de esas soluciones. Como iremos comprobando a lo largo de este limitado repaso, la arquitectura popular, a la que responden las construcciones edificadas con anterioridad a grandes rasgos a la década de 1940, buscan ante todo la funcionalidad y para ello echan mano de las técnicas, materiales y costumbres que la tradición y la experimentación cotidiana daba por buenos y, mediante los cuales, cada problema tenía asociada una respuesta inmediata de carácter elemental (Naval, 1988, 123) que, dependiendo de varios factores (disponibilidad concreta de recursos materiales y técnicos, responsable concreto de la construcción, etc.), va a manifestarse en cada ocasión de una manera diferente, siendo en la mayor parte de los casos los conocimientos, la habilidad y la imaginación de los responsables de la construcción los que permitían sacar el máximo partido a unos recursos materiales siempre muy limitados por razones geográficas y económicas. En las construcciones modernas, sin embargo, que comienzan a aparecer a finales de la década de 1940, podremos observar que la facilidad para acceder a unos materiales que por si mismos resultan mucho más versátiles y prácticos hace que, en muchas ocasiones, sean las propiedades de estos materiales -determinadas por su proceso de fabricación, ajeno a los constructores de corrales y casetas en este caso- las que solucionen los mismos problemas de siempre, ganando las modernas construcciones en prestaciones y facilidad para su construcción en el nuevo entorno socioecónico y, al mismo tiempo, perdiéndose la originalidad de las antiguas. Arquitecturas excavadas Uno de los problemas que puede ser considerado como tal es el propio proceso de construcción en si mismo. Y la solución más sencilla y conocida de puro utilizarla desde, al parecer, los orígenes más remotos de la humanidad, es aprovechar una estructura natural que supla la construcción necesaria para una primitva función de cobijo. También puede añadirse a ese cobijo natural una sencilla estructura añadida o, si no existe la cueva natural pero sí el terreno apropiado que lo facilite, excavarla el propio ser humano. Las dos cuevas que he podido encontrar en mi trabajo de campo por la comarca se encuentran en la mitad oriental del municipio de Monzón y ambas ( La cueva en el Valle Tamarite y la situada en Las Matas) comparten la condición de haber sido excavadas por el ser humano, sin que existiera ningún hueco natural anterior por lo que parece, sino aprovechando una zona en la que aflora una capa de areniscas en marcada pendiente, con lo que resultaba más fácil penetrar en la roca en sentido horizontal y quedando la entrada a un buen nivel respecto al del suelo circundante. También me hablaron de otra cueva similar a éstas, "con puerta y todo", pero en este caso en una zona de yesos cercana a Cofita, así como de un refugio "excavado en el talud" en la Ubaga el Cañaré de Fonz con la entrada reforzada por dos jambas de mampuestos y un dintel de piedra. Otro tipo de pequeño refugio excavado en roca viva existente en la comarca de Monzón constituye una de sus tipologías constructivas más originales. Se trata del aprovechamiento de algunos bolos de arenisca de gran tamaño -pueden llegar a medir varios metros de altura, anchura y profundidad- que aparecen esporádicamente exentos y rodeados por materiales más blandos en la zona central de la comarca. El mejor ejemplo es la Caseta en el Camino Monzón y otro caso muy similar forma parte de una caseta, más compleja, cerca de El Emprio en Pueyo de Santa Cruz, ya que al bolo de arenisca excavado se le añadió posteriormente una cubierta a una vertiente y dos muretes para formar una caseta que limita con otro bolo cercano y que tiene, de esta manera, dos estancias comunicadas. En ambos ejemplos, la formación más o menos esférica de arenisca se empezó a excavar por uno de sus lados perpendiculares al suelo, de tal manera que acabó por formarse un hueco con una gran abertura como entrada y que contaba por techo y paredes laterales y de fondo la misma roca viva descubierta por la excavación, relativamente fácil en la arenisca, una roca bastante blanda. Y otra modalidad, más común, es la de aprovechar la pared resultante de excavar un fragmento de roca en pendiente como parte de un muro o de una construcción de mayor complejidad. Esta fórmula es especialmente común entre las casetas tipo bolta de la zona de La Chesa en las que, en dos casos, ( La cueva Felipe y la caseta en la muga entre Almunia de San Juan y Azanuy - Alins) el fondo de su interior está directamente excavado en la roca de yeso que forma el estrato profundo del suelo. En ambos casos, además, la parte excavada toma la forma de un ábside semicircular, de diferente tamaño en uno y otro ejemplo, y que parece formar una pequeña estancia aparte o un hogar. El otro tipo de construcciones en los que se da esta solución son las parideras como una en la Ortilla, de nuevo en zona de yesos, o Los Corrales, ya en un área donde son más comunes las areniscas. En ambos corrales se aprovechó una ladera para excavar en ella la pared y el suelo del fondo del cubierto.
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